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viernes, 11 de enero de 2008

ESTEREOTIPOS

Aunque vivamos en la misma ciudad lo hacemos en distintos círculos. El viajar te permite conocer gente de tu ciudad que está en distantes mundos. Julia es farmacéutica como lo fue su padre. Plantearse otra cosa hubiese sido igual que si Felipe de Borbón se plantease hacer otro trabajo que no sea el que por familia le corresponde. Es mielera, es decir que viaja de luna de miel. Tiene la apariencia y el deje de niña bien, bueno, sin eufemismos: PIJA. Se nota a 30 metros. Si está despejado a 50. Si nos hubiéramos encontrado en cualquier otro sitio a las tres frases nos hubiéramos despedido alegrándonos de ello. Pero una avería en un lugar aislado sin nadie más en los alrededores y tiempo por delante lo imposibilita. Su modo de enfocar la vida te da un punto de complicidad, la vuelve cercana; sus preocupaciones te hacen sonreír. Su marido, un joven y alto cargo en una multinacional, se mantiene en segundo plano. Aunque cuando expone ideas como sobre los inmigrantes hace arrugar el entrecejo. Cuando nos despedimos somos conscientes de que volvemos a nuestros respectivos círculos.

martes, 4 de diciembre de 2007

EL NIÑO DE UNOS TRES AÑOS

El niño, de unos tres años, está ligado a su madre, aparte de por un presunto amor filial, por una correa de lona de rayas blancas y azules atada a su muñeca izquierda.
El niño, aburrido, no deja de revolcarse por las moquetas del aeropuerto llenando sus manos de ácaros y restos vaya usted a saber de qué. O quizás sea el niño el que ensucien la moqueta con sus restos de piel, babas, mocos y todas esas cosas que produce un niño de unos tres años.
El niño, sentado en el asiento contiguo al mio, se repantinga y empieza a darme pataditas. Lo miro con cara feroz, pero eso apenas solo le impresiona, y paraliza, unos segundos.
El niño de unos tres años tiene la boca roja. No, no es sangre debido a una bofetada educativa o a un accidente gravitacional, es que lame una piruleta de ese color, o quizás es la piruleta, que como no tiene ojos, al buscar la lengua (las piruletas se alimentan de babas, principalmente las que produce la lengua) tropieza con el resto de la cara.
La madre con una sonrisa y la mirada intenta disculparse por tener un hijo así. Le quita la piruleta, a pesar de las quejas del niño, y se la pone en su boca. A cambio le pone al niño un chupete. Este cambio hace que el niño parezca más pequeño, más inofensivo.
El niño dirige a la madre por los pasillos del aeropuerto con su correa de lona de rayas blancas y azules.
La madre, le grita: "Diego, no corras".

lunes, 22 de octubre de 2007

EL MUNDO ES UN PAÑUELO

Es grande, alemana y jubilada, la conocí hace 2.500 kilómetros y el dios de los turistas y el azar, hijo del tiempo libre, ha hecho que nos volvamos a encontrar en otro país. Ella se acuerda de mi nombre y yo no. Además se niega a volvérmelo a decir. Si ella ha hecho el esfuerzo de acordarse yo debería hacer lo mismo, razona con precisión germánica. El único recurso que dispongo para luchar contra mi anómia es llamarla princesa. No le disgusta el cambio, aunque días más tarde, cuando se da cuenta que no es la única receptora del título monárquico, se queja. Si llego a su edad con la mitad de su humor y de la tranquilad que respira, me daré con un canto en la dentadura postiza.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

PUERTO NATALES

Eduardo tiene una pensión. Debe tener los cincuenta y pico. Alto, con poco pelo, escoliosis... Y un algo que le categoriza como raro, como el personaje de Norman Bates en Psicosis. Muy raro. Aunque su hija me parece más rara aún. Tiene unos veintipocos y el pelo castaño lacio como su padre. Mientras espero en recepción que venga él aparece su hija.
—¿De qué parte de España eres?
—De Barcelona
—Dicen que es muy bonita.
—Eso dicen
—A mi me gustaría ir a Escocia.
—Debe ser muy bonita
—Asturias dicen que es muy bonita
—Si, también
—Asturias debe ser muy bonita

(callo sin saber que decir)
Me duele la pierna
—¡Ah!
—De aqui para abajo
—Ya
—Como un calambre ¿Qué debe ser?
—¿Un calambre?
—No, empezó aquí arriba
(y se señala cerca de la cadera). Estamos en recepción, ni en sus gestos, ni en su tono de voz, ni sus palabras muestra que esté intentado jugar a la seducción, así que saco mi faceta médica
—¿Y desde cuando te duele
—Desde ayer
—¿Te diste algún golpe? Me fijo que tiene una pequeña marca circular en el pomulo izquierdo. Hago mis cábalas.
No, ninguno. Me duele al moverme
—Bueno, pues descansa
—No puedo si no no me muevo no como.

domingo, 2 de septiembre de 2007

EN ATACAMA

Mario es italiano, de Roma: los del sur no son italianos, asegura, y recita las siete colinas de Roma como prueba de su lealtad a la ciudad. No es muy alto pero es fornido. Pecho y espaldas anchas, musculoso, compacto, sin cuello, casi sin mentón y perfil de senador romano. Lleva el cabello negro largo y que de vez en cuando, con un gesto casual, aparta de la cara. Se muestra seguro de si mismo, a veces brusco y normalmente altivo. La primera apariencia (exceptuando las gafas de sol colocadas en plan diadema) es que es un pariente cercano al Homo neardentalensis. Sin embargo cuando hablas con él te encuentras a una persona sensible, que admira las puestas de sol, se extasia ante una obra de Schumann o de Mozart y asegura que Wagner es lo mejor.

Viste con una camisa, pantalón y chaqueta tejana. Algo impropio para el desierto de Atacama y para ver salir el sol entre los géiseres a -15º. No es que carezca de ropa, es que se dejó la de abrigo en Salta. Al otro lado de la frontera. Tiene, eso si, una super cámara réflex y una minúscula cámara digital. Lleva tres meses viajando por sudamérica y después en octubre o quizás en noviembre irá a Paquistán, en esta época el clima es magnifico, asegura. Me quedo con las ganas de preguntarle si no lee la prensa y si no se ha enterado de los conflictos que hay allí. ¿Será traficante de armas? Como si me leyese el pensamiento comenta que su profesión es catador de cervezas. Yo le confieso la mía: Proxeneta.

Nos volvemos a encontrar y quedamos para cenar juntos. Tampoco hay muchas más alternativas. Le he visto discutir con un guía por los mil pesos (un par de euros) que costaba entrar en un parque nacional, pero pide un vino, que se presume caro, sin preguntar el precio. Bebemos, comemos, hablamos y gesticulamos. Habla en italiano, portugués, español, inglés y hasta en latín: Vini, vide, vinci. Yo no me quedo atrás: Semen retentum venenum est. Se dulcifica hablando en privado. Todo está bien, me olvido de haberle considerado un Homo neardentalensis. Confiesa que su primer amor fue una aristócrata española apellidada Borbón. Tenían entre 10 o 12 años. La madre de ella era una gran señora con una casa cerca de la Via Apia llena de objetos de arte y diplomáticos.

Dice que las mujeres son como canes y que solo piden y piden mientras que los hombres dan: Piden dinero y piden (cierra el puño y muestra el antebrazo). A la mujer hay que darle caña. Un día bien y otro mal para que no se acostumbren. Una mujer que te pregunta ¿dónde trabajas? ¿cuanto ganas? Yo les digo que trabajo en un barco. ¿A quien le interesa saber eso? ¿Te gusto o no te gusto? y si no a fanculo. La mujer ha de estar en casa. Io sono siciliano. Melonazzo.

Me habla de un tal Degrelle admirado por Marañon y su libro Alma ardiendo. No me suena tal como lo pronuncia, pero cuando lo escribe reconozco a León Degrelle un fascista belga enrolado en las SS que huyó a la España de Franco escapando de la justicia. Leételo, me dice, sin tener en cuenta su ideologia, pero no me aclara que ideología. Cita una frase del Duce, la escribe en un papel: Le donne devono stare a casa fare i figli e portare la cocina! y lo firma copiando la firma de Mussolini. La letra es redonda, infantil y a veces tacha corrigiendo errores que no sabes si achacar al efecto del vino o a dudas ortográficas. Busca algo en la cartera y me muestra una foto en blanco y negro del duce en persona, un gran italiano, el mejor, estoy a punto de comentar que llegó bastante alto, al menos a la farola, donde fue ahorcado por sus compatriotas. En este momento estoy atrapado en la curiosidad del personaje. Como si fuese un insecto extraño, venenoso pero raro, que solamente conociera por alguna foto.

Abomina de Fini y muestra su admiración por Berlusconi. No le gusta Nino Manfredi (Caro diario, le parece triste), y de Primo Levi duda que realmente sea verdad lo que cuenta en su trilogia. Cree que fueron los judios los que inventaron el holocausto y si Primo Levi sobrevivió eso demuestra que no fue tan terrible los campos de concentración. A pesar del buen ambiente me siento ofendido, no es una cuestión de divergencia de pensamientos es que está cuestionando mis principios. Se los dejo claro. Él no rectifica pero cambia de tercio. La conversación discurre apaciblemente, pero se ha roto definitivamente la complicidad que había entre nosotros. Al final pagamos la cuenta 26.000 pesos, más del 10% del salario de un maestro público de Chile. Nos despedimos y me invita a ir a su casa en Roma, pero los dos sabemos que no nos volveremos a encontrar.

jueves, 9 de agosto de 2007

EN EL METRO DE SANTIAGO DE CHILE

Dos jóvenes de piel morena, nariz aguileña y pelo negro lacio están apoyados contra la parde del vagón.
—Yo puedo ir a Irlanda.
—¿Quien tienes de tu familia allá?
—Mi abuelo. Después puedo ir a Reino Unido.
—A mi no me sirven de nada. Son de Ecuador.

lunes, 6 de agosto de 2007

POR EL NORTE DE CHILE

Carol es una chilena de pelo negro, largo, liso y lustroso. Muy guapa y aparenta ser muy joven, pero de cuello para abajo es gordita. Bueno, gorda.
—Tu voz es como la de Raphael
—Pues vaya
—¿No serás cantante?
—Pues si, lo soy
—¿De verdad?
—No, claro que no.
Le pide a otra mujer que nos haga una foto
—Quiero una foto con Raphael.
Cuando llevamos unas horas me pregunta si puede hacerme una pregunta personal. Temo las preguntas personales.
—¿Eres liberal?
Glups, ¿Qué contesto a esto?
—¿Qué significa para ti liberal?
—En España se ha legalizado el matrimonio homosexual. Dicen que hay muchos problemas. ¿Tú qué opinas?
—Bueno, al principio cuesta, ya sabes te obligan a casarte con alguien de tu mismo sexo, pero después te acostumbras.
—No, en serio. ¿Es verdad que todo el mundo está en contra? Aquí no sería posible, somos más conservadores.